Granada, capital de Al Ándalus

Como toledano, siempre he pensado que mi ciudad era la más bonita del país. La Catedral, el Alcázar, sus adoquinadas calles, su encanto…insuperable. Fueron solamente algunos amigos granadinos quienes me discutían sobre ello. Su Granada, decían, era mucho más bonita. Pese a que me parecía imposible, decidí aceptar su invitación y asistir a la ciudad andaluza para comprobar si eran ellos quienes tenían que rectificar o era yo.

Llegamos de noche, sumidos en una inmensa niebla lo que hizo que el viaje fuese más largo de lo previsto. Este hecho nos impidió salir a ver la ciudad de noche. Por ello, el primer día decidimos colocar nuestro equipaje en la encantadora Casa Rural en la que nos alojamos y descansar sentados y charlando al calor de la chimenea.

Al día siguiente, amanecimos pronto, nos tocaba visitar La Alhambra. Partimos hacia allí a las 8 de la mañana. La siguiente vez que miré el reloj eran las 12.30 y salíamos por sus grandes puertas. 4 horas andando por el monumento más bello que había visto hasta entonces.

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Desde La Alcazaba, a los Palacios Nazaríes, pasando por el Mexuar, el Generalife, sus patios y fuentes, la Sala de la Barca y sus Torres. Escaleras y escaleras de belleza e historia. Una maravilla del mundo vista con los ojos de dos personas asombradas y entusiasmadas con lo que estaban observando.

Aún estupefactos por lo que habíamos visto, nos desplazamos hasta el centro de la ciudad. Su Catedral, situada sobre la Gran Mezquita nazarí, recuerda mucho a la de Toledo. Esto se debe a que el templo granadino fue construido en base a la de la capital castellano manchega. Esto significa que es de una gran belleza, tanto en su interior, como en la fachada.

Tras una dura tarde, tocaba ir a comer. Nada de restaurantes. Tapas. Todo lo que me habían comentado se quedaba corto. Con dos refrescos nos sirvieron dos hamburguesas con sus respectivas patatas. En la siguiente ronda, cambiaron la tapa y nos pusieron dos sándwich mixtos. Casi nada.

Una vez repusimos fuerzas, seguimos con el turismo. Visitamos, entre otros lugares, el Albaicín, barrio de origen andalusí y la Capilla Real, una belleza artística que es el segundo monumento más visitado de la ciudad.

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Tras un día agotador, volvimos a la Casa Rural a descansar, encantados con Granada y preparando lo que nos esperaba al día siguiente, nuestro último día: Sierra Nevada.

Fue aquí donde mejor lo pasamos. No habíamos esquiado nunca, y la experiencia fue inolvidable. Unas pistas repletas de gente y nosotros aprendiendo a esquiar. Los monitores son amables y esquiar es más fácil de lo que parece. Muy recomendable.

Tras colgar los esquíes, cogimos el coche y volvimos a Toledo con la idea de que admitir que Granada es más bonita es complicado, por lo que la tendríamos que situar a la par. Lo que podemos confirmar es el refrán: quien no ha visto Granada, no ha visto nada.

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