Un crucero por el Caribe

Un crucero es una forma muy especial de turismo que toda persona debería realizar una vez en la vida. Vivir esa sensación de ver el anochecer en un lugar y levantarse en otro totalmente alejado es como un sueño, como un viaje en el tiempo que desde niños, y no tan niños, todos soñamos. Esta experiencia te permite conocer distintos lugares en unas mismas vacaciones, sitios variados, exquisitos, y sin la necesidad de realizar excursiones para conocer el entorno. El barco atraca y eres libre de conocer costumbres, tradiciones y demás riquezas de las gentes del lugar. Y por la noche, mientras el barco se desliza por el océano, tu puedes relajarte disfrutando de los espectáculos y la juerga del interior del navío.

Foto: www.dannemann.com

Foto: www.dannemann.com

En este blog os hemos mostrado algunas vivencias en los cruceros, pero hay una ruta preciosa no tan conocida quizá como la que recorre el Mediterráneo o las islas griegas: un crucero por el mar Caribe. Existen diversos trayectos que te llevarán a lugares diferentes, ya que no se pueden conocer absolutamente todas las islas en tan sólo 9 días y 7 noches, que suele ser la oferta más extendida en los viajes en barco. Sin embargo, todas te permitirán descubrir las preciosas playas de arena blanca y las transparentes aguas que dejan ver cómo bonitos peces tropicales se desplazan a tus pies.

Las pirámides mayas cerca de Cancún, las famosas Islas Caimán, navegar entre cocodrilos en Jamaica, recorrer Curaçao entre fachadas llenas de color, islas como Aruba, Granada, Barbados o Santa Lucía. Los lugares para visitar son incontables, todos ellos con una enorme belleza. Experiencias únicas entre rayas, entre un espectacular arrecife de coral o visitando una pequeña extensión de tierra en la que sólo verás una sombrilla y un sinfín de especies alrededor llamada Mopion Island.

Y para concluir el viaje, muchos cruceros te ofrecen la posibilidad de atracar los dos últimos días en La Habana. La entrada a la bahía, la forma en que te va acogiendo, será una de las experiencias del viaje. Después, recorrer los distintos puntos de la ciudad entre casas cuyas paredes castigadas les confieren una belleza aún mayor y la alegría de las gentes te contagiará desde el primer minuto.

Un año sabático y un crucero de vuelta al mundo

A veces uno no puede seguir con la rutina como si nada. A veces las presiones, las obligaciones, el ritmo tan marcado que nos dicta la vida moderna… todos ellos nos empujan hasta más allá de lo razonable y hay que parar. Por salud, por higiene mental, porque se pierden los referentes claros y las metas que nos azuzaban a perseguir la zanahoria.

Crucero-vuelta-mundo

Todo eso se desvanece y sólo quedamos nosotros. Por eso hace ya unos cuantos meses decidí tomarme un año sabático y resituarme en lo personal y en lo profesional. ¿Y con tanto tiempo libre, qué hacer? Pues decidí que era el momento de hacer algunas cosas que llevaba largo tiempo deseando y postergando, “porque no era el momento”. Pues bien, el año sabático es el momento perfecto para realizar todas esas ideas que tenemos en el cajón de proyectos un tanto soñadores y que no siempre acaban por materializarse.

De entre todas ellas tenía una idea que me hacía especial ilusión, algo así como el sueño de mi vida: dar la vuelta al mundo a bordo de un crucero

Lo tenía todo. El dinero ahorrado de mis duras horas de trabajo y el tiempo para disfrutar la experiencia sin preocuparme por obligaciones de agenda. Además, cuando empecé a mirar opciones de cruceros de vuelta al mundo comprobé gratamente que no es tan caro reservar pasaje en un crucero que te lleva allende los mares. Y por supuesto ¡las propuestas de travesías tan excitantes!

Así que ahí estaba yo, hace justo cuatro meses ahora. En el puerto de Hamburgo, con mi pasaje en la mano y mi maleta en la otra, admirando ese descomunal barco. Lista para hacer realidad el sueño de hacer un crucero alrededor del mundo. Aún no me creo lo fantástico que ha sido, lo sorprendente, las mil veces más que tomaría un crucero así para alejarme de todo lo que conozco.

Intentando hacer una síntesis (y resulta imposible, hay que vivirlo para entenderlo) decir que lo que algunas de las cosas que más me han marcado han sido éstas:

       El trato de la tripulación. Desde que pisas el barco por primera vez hasta que lo abandonas la última jornada, siempre siempre van a estar pendientes de que tengas todo lo que se te pueda antojar, te aconsejan en opciones de ocio y cultura e incluso, tras tantos días, llegan a convertirse en amigos. Es una sensación excepcional, como un sentimiento de familia —por raro que parezca— que crece sólo a bordo de un crucero de vuelta al mundo. (Antes de éste hice algún crucero breve, pero la experiencia es muy distinta).

       El lujo incomparable del navío, una belleza mastodóntica dotada de todo lo que puedas necesitar o desear. A bordo de un crucero jamás te vas a aburrir.

       El ambiente mágico que se crea con los compañeros de travesíaCiertamente es una de las cosas que más me ha sorprendido y encantado a la vez. No esperaba trazar lazos tan profundos y sinceros con algunos de mis compañeros de crucero y sé que vamos a mantener el contacto, aunque sea a distancia porque tenemos procedencias diversas. Ahora tengo casa en Alemania y en Tailandia, y una muy buena excusa para escaparme a Japón cuando me apetezca. Realmente sensacional contar con tanta gente diferente y poder trazar libremente los lazos que te apetezcan.

Y bien, éstas son algunas de las razones  por las que jamás me voy a arrepentir de haber tomado mi año sabático y embarcarme en la aventura fantástica de subir a un crucero que diera la vuelta al mundo. Porque muchas veces los sueños, cuando se hacen realidad, son mucho mejores. Y en un crucero de vuelta al mundo todo luce mejor. 😉

Viaja diferente, navegando por aguas del Mediterráneo

Una opción diferente de pasar unas buenas vacaciones es hacerlo a bordo de un barco. Para muchos la idea resulta algo claustrofóbica al tener en mente la idea de que no se puede salir del barco durante un determinado tiempo, pero a través de este articulo os intentaremos convencer de que esa idea es falsa, ya que el lugar en el que nos vamos a alojar durante el tiempo que dura la travesía cumple con todas las características para hacer sentir al huésped la mayor libertad posible.

Todos los barcos están dotados de grandes y confortables instalaciones, cientos de habitaciones, gimnasios, piscinas, cafeterías, restaurantes, bares centros de belleza, casino, salas de descanso, de lectura… una pequeña ciudad al alcance de la mano del pasajero.

Hay cientos de travesías que realizar, cruzar el mundo, las Américas, los fiordos noruegos, las islas griegas… pero uno de los más demandados y que mayor calado tiene entre sus seguidores es el crucero que se realiza por la Costa de Marsella.

Los cruceros que inician la Ruta del Mediterráneo, comienzan el viaje embarcando en la ciudad de Barcelona.

La primera parada que se produce es en la Isla de Ibiza. El barco amarra en el puerto y suele dejar unas cinco horas para que el pasajero conozca este pequeño rincón. Existen varios autobuses que salen desde el puerto a varios puntos diferentes de la isla que son de conocida visita.

La siguiente parada se realiza en Marsella, comenzando esta ruta desde el “Puerto Viejo”, en el que se vertebra todo el casco antiguo de la costa marsellesa hasta la colina dominada por la catedral de la ciudad, por lo que es un buen punto de inicio de cualquier excursión, también desde Vieux Port parten regularmente los barcos que visitan la isla de If, lugar en el que se encuentra el castillo del mismo nombre y que sirvió de prisión a Edmond Dantès y José Custodio de Faria “El Conde de Montecristo”.

Elegir un taxi como medio para conocer Marsella puede servirnos para poder visitar la catedral de Marsella, que está en lo alto de una montaña.

La siguiente parada se realiza en Génova, ciudad en la que podremos conocer y visitar gran cantidad de monumentos y estatuas que hacen referencia a Cristobal Colón. Cerca del puerto donde desembarcan los cruceros podremos ver la estación marítima o el barrio marino o la Piazza Ferrari que se encuentra rodeada de importantes edificios como el de la Bolsa o el Duomo.

Savona es la próxima ciudad en donde se realiza un parón en la travesía, al norte de Italia es una de las ciudades que tiene puerto base. Tiene una población de unos 60.000 habitantes, caracterizada por la exquisitez de sus monumentos podremos deleitarnos con la belleza de la Porta Soprana o la Torre León Pancaldo.

Finalmente el crucero amarra sus anclas de nuevo en la ciudad de Barcelona.

Las travesías suelen durar diez días en este tipo de viaje, dependiendo del tipo de agencia se realizan más o menos paradas por las diferentes ciudades de los países del Mediterráneo, pero las principales que se visitan son las anteriores. El precio también es variable pero se aproxima a una media de 900 euros por pasajero, durante diez días con todo incluido.